Francisco, sentado en el sofá, le pasó un vaso de jugo a Tina, que estaba sentada frente a él. Él miraba su taza de café, era evidente que estaba inquieto.
—Francisco, ¿te preocupa algo? —preguntó Tina. Era una chica de aspecto pulcro, con el cabello recogido en una coleta, que irradiaba el aire intelectual de quien ha estudiado en una buena universidad. En su rostro pálido destacaban dos dulces hoyuelos, dándole una apariencia encantadora.
—Perdona, estaba distraído —dijo Francisco con una son