En el reservado de lujo del "Glow", la mesa estaba llena de botellas. Francisco miraba el lugar con inquietud. Sabía de su existencia, pero nunca había venido. Solo con entrar, se había sentido abrumado, sobre todo por las miradas que le lanzaban, miradas que parecían querer devorarlo. Le dio asco.
—¿No te gusta este lugar? —preguntó Rubén, notando su incomodidad.
—No. —Francisco no vio la necesidad de mentir. No le gustaba. Era un lugar de decadencia y perdición.
—Lo siento —dijo Rubén en voz