En el reservado de un club de negocios, dos de los hombres más influyentes del mundo empresarial de la ciudad permanecían sentados en un silencio denso. Hacía un momento que habían terminado de discutir sus asuntos, pero, ninguno de los dos parecía tener la intención de marcharse. Nadie hablaba, y el aire se había cargado de una tensión incómoda.
Efraín, ataviado con un traje gris plateado, carraspeó para romper el hielo.
—Señor Alarcón… creo que debería felicitarlo por adelantado. Mis mejores