El estudio de Francisco siempre transmitía una sensación de serenidad. Hoy, Linda no estaba, y él se afanaba en solitario organizando una pila de documentos. La noche anterior se había quedado hasta las cuatro de la madrugada revisando diseños de vestidos de novia de otros creadores, hasta que el sueño finalmente lo venció.
Bianca lo observaba en silencio.
—Oye, Francisco, ¿no me ibas a contar algo importante? —preguntó ella con una sonrisa, ladeando la cabeza mientras esperaba con paciencia. L