Días después, el silencio seguía siendo una constante entre ambos. La distancia entre Brenda y Haidar parecía ir creciendo cada vez más, como una barrera invisible que ninguno de los dos estaba dispuesto a cruzar. Brenda evitaba cualquier encuentro con él, y Haidar, por su parte, también se mantenía al margen, consciente de que su presencia solo empeoraría las cosas. Sus días se habían vuelto un ciclo monótono: él se levantaba temprano, se iba al trabajo, regresaba tarde, comía solo y, tras una