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Madelaine llegó al piso con la esperanza de animar a Brenda, pero al acercarse a la habitación, la encontró acurrucada en la cama, con lágrimas rodando por su rostro sin cesar. Brenda no dejaba de llorar, y el sonido ahogado de su llanto llenaba el lugar. Madelaine suspiró profundamente, sentándose al borde de la cama. Con suavidad, comenzó a acariciar la espalda de su amiga en un intento por consolarla.

—Sé que te sientes terrible por todo lo que está pasando, Brenda —comenzó con voz dulce—, p
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