Haidar tenía un dolor de cabeza insoportable, y no solo era por haber dormido apenas cuatro horas, si acaso, sino también por la noticia que lo había dejado completamente impactado y, para ser sincero, vulnerable. La revelación pública de su verdad, algo que había tratado de manejar en privado, ahora estaba en boca de todos. Sentía que el mundo se le venía encima.
Sin perder tiempo, Haidar tomó su teléfono y llamó directamente al encargado de relaciones públicas de la empresa. Necesitaba que se