El sol apenas se filtraba por las grietas de la cueva cuando Blair se escabulló de los brazos de Nix con la agilidad de una gata. Se sentía renovada, a pesar de que el Alfa la había dejado sin aliento la noche anterior. Con una túnica prestada por Mara (mucho más decente que los jirones de ayer), salió al campamento con una sonrisa desafiante.
Allí estaba Jax, apoyado en una roca, puliendo una daga y luciendo su mejor sonrisa de "aquí no ha pasado nada".
—¡Buenos días, Luna! —exclamó Jax, ender