La oscuridad de la gruta era densa, rota solo por el rítmico goteo del agua y el calor sofocante que emanaba del cuerpo de Nix. Él la mantenía atrapada contra su pecho, con un brazo rodeando su cintura como si fuera un grillete de carne y hueso. El Alfa intentaba dormir, pero el nuevo vínculo de sangre era una carretera de doble sentido que Blair estaba a punto de convertir en un campo de minas.
—Nix... —la voz de Blair resonó en la mente de él, suave y maliciosa—. ¿Sabes en qué estoy pensando?