La noticia del compromiso y la pronta boda del príncipe Horus corrió como un relámpago por la ciudadela y más allá de sus murallas. Los mensajeros llevaron la palabra a los reinos aliados y a las casas nobles, y pronto comenzaron a llegar cartas, obsequios y delegaciones que buscaban ser parte del acontecimiento. Nadie lo cuestionó: era natural que el heredero de la dinastía contrajera matrimonio, y que la doncella que lo acompañaba, la bruja Heres, se convirtiera en su esposa legítima. Lo que