Horus estaba exhausto en un nivel que su cuerpo ya apenas podía sostener. Sentía cada músculo arder, cada articulación temblar, cada pulso latir con una lentitud irregular. Días seguidos retrocediendo el tiempo, alterando la realidad a voluntad, conteniendo asedios completos, congelando tropas, desbaratando escuadras enteras, enfrentando a los gigantes y, sobre todo… resistiendo a Atlas. La magia se le hervía en las venas como si quisiera escaparse de su cuerpo. Su respiración era áspera, pesad