Atlas analizó las embestidas de Horus con la calma de quien afila el filo antes del golpe; su mirada marrón recorrió el campo de la marcha como si midiera con la vista el peso de los hombres y la solidez de los carros; tensó la mandíbula y dejó que el silencio pesara. Aquella figura joven, rebelde y temeraria, había aparecido demasiadas veces donde no debía; había evitado trampas, detectado patrullas y quebrado líneas; la conclusión que le alcanzó fue simple: detrás de la oscuridad había una ma