La sombra de la marcha apareció primero como una mancha lejana sobre el horizonte; luego creció hasta convertirse en una línea inmensa de movimiento y polvo que avanzaba lenta, inexorable. Desde el centro del continente, las legiones imperiales se desplazaban con la cadencia pesada de la maquinaria de guerra; titanes escoltaban columnas de infantería, carros y bultos de artillería. Alesia era vasta; la ciudadela del norte no estaba a la vuelta de la esquina; la distancia prometía días, después