Capítulo 38. A mi beneficio.
Aston Myers
La piel se me crispa de rabia y preocupación, pero me contengo. No puedo exteriorizar toda la m****a que me revuelve la mente ahora.
Juliette va sentada a mi lado en el auto, no me mira y yo no la toco, no le pregunto qué le pasa, pero es evidente que es algo fuerte y complicado. Sus sollozos dejaron de escucharse, pero un vistazo a sus mejillas es suficiente para saber que no ha dejado de llorar. Las lágrimas caen silenciosas por su rostro ya empapado, se quedan suspendidas en su barbilla un instante, y luego caen a sus piernas.
Una detrás de otra. Y yo las cuento todas.
Aprieto la mandíbula.
La ciudad avanza al otro lado de los vidrios polarizados. Manhattan de noche es un espectáculo que normalmente me calma, con las luces, el movimiento y la certeza intrínseca de estar exactamente donde debo estar.
Hoy no. Hoy todo me resulta ajeno, distante, la ciudad no tiene nada que ofrecerme, porque toda mi atención está puesta en la mujer a mi lado que siento mi responsabi