Capítulo 39. No quiero hablar.
Aston Myers
En la cocina voy directo a mi cajón de pastillas, puedo darle a Juliette una de las que me recetan para poder dormir, pero cambio de opinión en el último segundo.
«No puedes ponerla a dormir, imbécil».
Sacudo la cabeza y busco en el armario uno de los paquetes con bolsas de té que Viena trae consigo cuando me visita. Siempre las deja, sé que lo hace para ver si las uso alguna vez, pero no lo hago nunca. Por eso tengo alrededor de diez paquetes que ahora me hacen resoplar.
Ya estoy acostumbrado a no dormir. Odio las pastillas que me mandan y no me gusta tampoco beber té. Es más efectivo estar al cien por ciento por tres o cuatro días y luego reponer energías cuando mi cuerpo cede inevitablemente.
«El insomnio es una m****a molesta, pero nada que hacer a estas alturas».
Pongo agua a calentar y preparo todo, tratando de mantener mi mente al margen de la mujer irritante que tengo en la sala y que me saca de mis casillas más fácil de lo que me gustaría aceptar.
Juliette e