Capítulo 36. Tú y yo.
Juliette Moreau
Los oídos me pitan. Escucho en mi cabeza el ruido de mi respiración, y que ahoga todo lo demás. No sé qué canción interpretan en el escenario, no sé cuándo se encenderán las luces una vez más, solo sé que mi cuerpo tiembla de pies a cabeza y que me siento completamente aletargada.
El calor en mi espalda me recuerda que él sigue aquí, pegado a mí, esperando y regodeándose en la manera que cada parte de mí le responde.
Trago saliva.
Siento una presión leve en el pecho, no física, sino interna, emocional. Algo parecido al cansancio después de haber llorado hasta quedar sin lágrimas. El corazón me late rápido y, por un momento, me asusta no poder controlarlo.
«Respira».
Me lo digo, pero no obedezco del todo.
Aston no se mueve. Él permanece en el lugar, quieto y calmado, consciente de lo que me hizo y de las secuelas que dejó en mi cuerpo.
Soy vagamente consciente de que la música continúa abajo, pero ya no la sigo. Las notas pasan como si fueran agua y yo estuviera