Mundo ficciónIniciar sesión—No deberías estar aquí.
La voz de Camila tembló apenas. Apenas. Pero Elena lo notó.
Y lo disfrutó.
La gala anual de la Fundación Vance brillaba bajo lámparas de cristal gigantes. Empresarios, modelos, políticos… todos sonriendo con esa perfección falsa que solo la élite sabía fingir. Música clásica, champagne, vestidos de diseñador.
Un mundo impecable por fuera. Podrido por dentro.
Elena lo sabía mejor que nadie.
Y esta noche había regresado para cazar.
—Curioso —respondió Elena, tomando una copa con calma—. La última vez que escuché eso, terminé en prisión.
Camila palideció.
Cinco años atrás habría fingido seguridad. Ahora… no podía.
Había miedo en sus ojos. Y eso era delicioso.
Elena la observó de arriba abajo.
Vestido blanco. Diamantes. Cabello perfecto.
La futura señora Vance.
Pero había algo roto detrás de esa perfección. Algo desesperado.
—Te ves cansada, Camila.
—¿Qué quieres?
Directa. Perfecto.
Elena sonrió despacio.
—¿No debería preguntar primero cómo está mi exesposo?
La mandíbula de Camila se tensó.
—Adrian ya no piensa en ti.
Mentira.
Elena lo sabía. Porque llevaba toda la noche sintiendo la mirada de Adrian clavada en su espalda. Una mirada obsesiva. Hambrienta. Como si no soportara verla viva… y hermosa.
Y eso era exactamente lo que Elena necesitaba.
Camila dio un paso más cerca.
—Si regresaste para hacer escándalos, nadie va a creerte.
Elena soltó una risa suave. Peligrosa.
—¿Todavía tienes miedo de mí incluso después de arruinarme la vida?
Camila abrió la boca, pero una voz masculina la cortó.
—¿Interrumpo algo interesante?
Alexander.
El aire cambió. La tensión se volvió eléctrica.
Camila retrocedió sin pensarlo. Porque toda la familia Vance le temía a Alexander. Y con razón.
El hombre caminó hacia ellas con esa elegancia tranquila que siempre parecía esconder violencia. Traje negro impecable. Presencia imposible de ignorar.
Pero fueron sus ojos los que hicieron que Elena se tensara.
Porque estaban puestos solo en ella.
—Señor Vance —murmuró Camila.
Alexander ni siquiera la miró.
—Camila.
Seco. Frío. Desinteresado.
Elena casi sonrió.
Camila lo notó. Y se incomodó aún más.
—Solo hablábamos del pasado —dijo ella.
—El pasado suele ser decepcionante —respondió Alexander, tomando una copa sin apartar los ojos de Elena—. Aunque algunas personas mejoran con el tiempo.
La frase cayó como un golpe.
Camila palideció. Elena sintió calor subirle por el cuello.
Ese hombre hacía que simples palabras sonaran… íntimas.
—Disfruten la noche —murmuró Camila antes de huir.
Elena la observó alejarse. Y sintió satisfacción por primera vez en años.
Camila tenía miedo. Perfecto.
Alexander bebió un sorbo.
—La estás presionando demasiado rápido.
Elena lo miró.
—¿Ahora eres experto en venganza?
Una sonrisa mínima apareció en sus labios.
—No. Soy experto destruyendo personas.
La honestidad brutal de ese hombre siempre la tomaba por sorpresa.
Elena dejó su copa.
—Entonces dime… ¿qué ganas ayudándome?
Alexander la observó como si pudiera leerle el alma.
—Ya te lo dije.
—No te creo.
Él dio un paso más. Elena sintió su corazón reaccionar. Odiaba eso.
—Eso es inteligente —murmuró él.
La música seguía sonando, pero el mundo se había vuelto pequeño. Íntimo. Peligroso.
—Adrian está perdiendo el control —dijo Alexander—. Desde que regresaste comete errores.
—¿Errores?
—Está paranoico. Nervioso. Irritable.
Sus ojos descendieron apenas hacia ella.
—Obsesionado contigo otra vez.
Elena sintió una mezcla amarga de satisfacción y rabia.
—No me importa Adrian.
Mentira.
Alexander lo notó.
—Claro que te importa.
Elena levantó la mirada, fría.
—Lo odio.
—El odio y el amor se parecen demasiado —respondió él—. Solo cambia la dirección del fuego.
Aquello la incomodó. Porque era verdad.
Alexander inclinó la cabeza.
—La diferencia entre amor y odio es más pequeña de lo que imaginas.
Elena sostuvo su mirada. Y entendió algo peligroso.
Alexander no hablaba solo de Adrian. También hablaba de ellos.
Al otro lado del salón, Adrian observaba la escena con la mandíbula tensa.
No podía apartar los ojos de Elena. De cómo se veía junto a Alexander. De cómo él se inclinaba hacia ella. De lo cerca que estaban.
Demasiado cerca.
Algo oscuro creció dentro de Adrian.
Celos. Violentos. Irracionales.
Camila apareció a su lado.
—¿Ves? Te dije que algo ocurre entre ellos.
Adrian apretó el vaso.
—Alexander no se interesa por mujeres así.
—¿Mujeres así? —Camila rió nerviosa—. Adrian, mírala.
Y tenía razón.
Elena atraía todas las miradas. Pero no solo por su belleza.
Había algo nuevo en ella.
Poder. Frialdad. Elegancia peligrosa.
Parecía una mujer capaz de destruir a un hombre con una sonrisa.
Y eso volvía loco a Adrian.
Porque él esperaba verla rota. Suplicando. Débil.
No así. Nunca así.
Entonces ocurrió.
Alexander colocó una mano en la espalda baja de Elena para guiarla entre la multitud.
Un gesto pequeño. Pero suficiente.
El vaso se quebró en la mano de Adrian.
Elena sintió la mirada de Adrian quemándole la espalda.
Y entendió exactamente lo que Alexander estaba haciendo.
Provocándolo. Usándola.
Debería haberla enfurecido.
Entonces ¿por qué parte de ella lo disfrutaba?
Alexander se inclinó hacia ella.
—No mires ahora.
—Demasiado tarde.
Él soltó una risa baja.
—Está furioso.
—Bien.
—Los hombres como Adrian son más peligrosos cuando sienten que pierden algo que creen suyo.
Elena lo miró.
—Yo nunca fui suya.
Alexander sostuvo su mirada.
—Lo sé.
El corazón de Elena dio un golpe incómodo.
Porque nadie jamás la había mirado así. Como si realmente la entendiera. Sin querer controlarla. Sin querer cambiarla.
Eso la asustó.
Entonces las luces se atenuaron. El anfitrión anunció el baile principal.
Parejas avanzaron hacia la pista.
Y antes de que Elena pudiera reaccionar, Alexander extendió una mano hacia ella.
—Baila conmigo.
No era una pregunta. Era una tentación.
Elena debería haber dicho no. Definitivamente debía decir no.
Pero vio a Adrian al otro lado del salón. Rabia. Celos. Obsesión.
Perfecto.
Elena colocó su mano sobre la de Alexander.
Él sonrió apenas.
Como si acabara de ganar algo importante.
Y por alguna razón…
eso hizo que el corazón de Elena latiera más rápido.







