El salón estaba decorado con la misma meticulosidad que la ceremonia, cada detalle parecía sacado de una revista de bodas. Flores blancas y rosadas adornaban las mesas redondas con manteles de encaje, y las luces cálidas que colgaban del techo creaban un ambiente acogedor y elegante. A pesar de la belleza del lugar, no lograba sentirme parte de aquella atmósfera. Era como si estuviera interpretando un papel en una obra que no había escrito.
Luna corría de mesa en mesa, mostrando su vestido y su