Valeria caminaba de un lado a otro con Liam en los brazos. Era un hombrecito de dos años y tres meses de edad al que amaba como si fuera su propia vida, quizás un poco más.
—Sucede algo que no me has dicho, ¿cierto? —preguntó George. Ella asintió con el labio mordido.
—Es buen momento para que me comunique con mi familia. De verdad necesito saber de mis padres y de mi hermano, George. Es como un presentimiento que me quema el pecho.
El hombre comprendió perfectamente la necesidad que ella tenía