El comedor de La mansión Volkov nunca había estado tan lleno de expectativa. Los Montenegro se encontraban sentados a un costado de la mesa junto a Nino Montreau dejando el espacio que encabeza el líder, Leónid y, al lado su esposa. Estaban esperando el desayuno aun cuando Nino ya había comenzado. El silencio se rompió de forma violenta cuando Irina entró en la estancia mirándolos a todos como si fuesen poca cosa con una expresión de asco profundo.
—Espero que el servicio sea rápido para terminar con este suplicio —dijo sin pensar que los comensales presentes hubiesen escuchado sus primeras palabras —. No soporto estar entre tanta persona de mal gusto —Alexander se tensó y apretó la mano de la mujer sin lastimarla, pero para que supiera que lo que dijo estaba mal.
Elena Montenegro que hasta el momento había mantenido una postura diplomática la miró con advertencia colocó cuidadosamente la servilleta sobre la mesa y se enderezó en su silla.
—La plebe a la que se refiere la señora Irina