Valeria bajó la escalera mirando hacia los lados, escuchó muchas voces y se asomó a la ventana: al ver la multitud de personas que se encontraban parqueadas delante de la mansión; no pudo creer lo que veía, era la aglomeración de personas más grande que había contemplado en su vida. Sus ojos muy abiertos no daban crédito a la cantidad de cámaras y micrófonos que tenia delante aun cuando la Mansión Volkov era una fortaleza blindada con ventanas y vidrios de espejo.
—¡Dios mío, Nino! —pensó desesperadamente y corrió hacia la puerta.
Pero fue interceptada por George, quien la detuvo porque tenía órdenes de que precisamente ella, no saliera de la casa por ningún concepto.
—Lo siento señora, tengo órdenes de que no se acerque ni siquiera a las ventanas de la casa hasta que el señor Volkov... —Ella lo miró con disgusto, pero no pudo culparlo, ya que estaba atendiendo a las órdenes de su jefe.
—¿Y cuando llegue el señor sí puedo asomarme a la ventana o él va a resolver el problema? —Se mofó