Mientras tanto, en Manhattan, la vida de Leonid Volkov era una dualidad agotadora. Por un lado, su imperio de autos blindados lo consumía; por otro, la presencia de Lilian Marcus le daba una calma que él mismo no sabía si merecía. Por momentos dolía estar con ella ya que su corazón, aunque palpitaba de nuevo se sentía como un juez reclamándole por la farsa.
Aun cuando se sentía realmente atraído hacia Lilian. No era ella, la que llenaba todas sus necesidades. Pensaba en su hijo. Uno que no cono