Con el tiempo, el club nocturno dejó de ser el centro de atracción para Leonid. Ya no buscaba el anonimato del sexo grupal ni la anestesia del alcohol barato. Ahora, el hombre más temido de Manhattan iba al club solo de día, para supervisar las finanzas y los negocios de seguridad. Su vida se había trasladado al West Side.
—Buen día Sr. Volkov —saludó la recepcionista del club quien se levantó de su asiento como impulsada por un resorte.
—Buen día —respondió Kirill —. Necesito que, al final de l