—¡¿Hablas en serio?! ¡Tú amas tu libertad!
—Vicente o yo. Te puedes quedar aquí presenciado como Vicente terminan casándose con la pobretona. Porque tú y yo sabemos que él está enamorado de esa mujer. Lo siento mucho Amelia, pero ya no tienes nada que buscar. ¿Vas a pasar tu vida esperando que las migajas que se caen de la mesa de Vicente Rivas? Hasta que se vaya tu juventud y belleza quedándote completamente sola.
Amelia lo miró con angustia en la mirada, porque sabía que él tenía razón. Anto