Ola tras ola de vibraciones emergieron de su sexo y sacudieron todo su cuerpo. El estómago de Sofía se inflaba y desinflaba de lo mucho que respiraba por la boca
—¡No pares! —gritó, agarrando un puño de su cabello y presionándolo más contra ella.
Vicente, pero no se detuvo. La saboreó como si fuera la última vez que haría sexo oral. Ella se extendió hacia atrás y todos los músculos de su cuerpo se tensaron al mismo tiempo. Vibrando por dentro, como si su vientre fuera el epicentro de un terrem