Ecos de un recuerdo.
El eco de los pasos de ambas resonaba en el pasillo desierto de la empresa. Sara caminaba a paso veloz, con los puños apretados y el rostro encendido de indignación.
—Es un imbécil, Kiki. Un sádico de manual —masculló Sara, sin bajar la voz—. Disfruta viéndote así, estoy segura. Cree que porque tiene el nombre en la puerta del edificio puede jugar a ser Dios con la vida de los demás. Mañana mismo voy a...
—Sara, por favor —la voz de Kateryn sonó pequeña. Se apoyó un segundo en la pared del