El mejor postor.
La pantalla iluminó la penumbra de la habitación. Kateryn deslizó el dedo con el corazón latiéndole en la garganta. Tres mensajes, uno tras otro, directos como tres estocadas:
«Abre tu puerta».
«Estoy por llegar».
«No me hagas esperar».
El pánico la obligó a reaccionar. El temor ciego a que alguien lo viera parado a mitad del pasillo, a solo unos metros de su suite y de la de Alexander, la hizo saltar de la cama. Caminó a zancadas mudas sobre la alfombra, conteniendo la respiración, y s