24. Bajo protección.
Pero antes de que pudiera entrar en pánico total, el agresor fue arrancado de ella con una violencia brutal.
Cuando Kateryn recuperó la conciencia de su entorno, ya estaba dentro del auto de Sebastián. El motor rugía mientras avanzaban a toda velocidad por las calles desiertas de la ciudad.
Sebastián apretaba el volante con tal fuerza que sus nudillos destacaban, blancos, contra el cuero; el silencio en el habitáculo era más aterrador que el estruendo del antro.
Kateryn seguía temblando. Pod