POV: Catalina
La maleta estaba abierta sobre la cama como una boca silenciosa, esperando ser llenada con los restos de una vida que nunca me había pertenecido del todo.
No estaba metiendo ropa a toda prisa.
No estaba huyendo.
Cada camisa que doblaba, cada prenda que colocaba con precisión quirúrgica, era una declaración silenciosa.
Una renuncia.
Un final.
Lo hacía con una calma tan metódica que habría alarmado a cualquiera que realmente me conociera.
La calma del ojo de un huracán.
—¿