POV: Zara
El monitor número tres parpadeó en rojo.
No era una alerta de intrusión externa.
Era una alerta de inyección interna.
Zara, que llevaba treinta horas despierta a base de cafeína y odio, se inclinó sobre la pantalla.
—¿Qué estás haciendo, perrito? —susurró, mirando el código que se ejecutaba en el servidor de Recursos Humanos de Al-Rasheed Holdings.
Alguien con credenciales de administrador de nivel 5 (el nivel de seguridad de Khalid) estaba subiendo archivos a una carpeta específica.
La carpeta personal de Vivienne Delacroix.
Zara abrió el paquete de datos en un entorno seguro ("sandbox") para que no contaminara su propio sistema.
Eran extractos bancarios.
Falsos.
Mostraban transferencias de la cuenta de Vivienne a grupos extremistas en Yemen.
—Hijo de puta —siseó Zara.
No era solo difamación. Era terrorismo. Si esos archivos se "descubrían" en una auditoría, Vivienne no perdería la custodia. Perdería la libertad. La encerrarían en una prisión de seguridad máxima y tirarían