POV: Zara
El monitor número tres parpadeó en rojo.
No era una alerta de intrusión externa.
Era una alerta de inyección interna.
Zara, que llevaba treinta horas despierta a base de cafeína y odio, se inclinó sobre la pantalla.
—¿Qué estás haciendo, perrito? —susurró, mirando el código que se ejecutaba en el servidor de Recursos Humanos de Al-Rasheed Holdings.
Alguien con credenciales de administrador de nivel 5 (el nivel de seguridad de Khalid) estaba subiendo archivos a una carpeta específica.