POV: Layla
La mansión de los Al-Qasimi en Jumeirah estaba en silencio.
Pero no era un silencio pacífico. Era el silencio tenso que precede a una ejecución.
Layla caminó por el pasillo principal.
Sus tacones resonaban sobre el mármol italiano. Clac. Clac.
No llevaba velo.
Llevaba el pelo suelto, cayendo sobre sus hombros como una cascada de tinta negra. Un acto de rebeldía visual antes de pronunciar una sola palabra.
Llegó a la puerta doble del despacho de su padre.
Sheikh Ahmed Al-Qasimi había regresado de Londres esa mañana.
Estaba sentado tras su escritorio, revisando contratos con Hamad, el hermano mayor de Layla.
Cuando Layla entró sin llamar, ambos levantaron la vista.
—Layla —dijo Hamad, frunciendo el ceño—. Baba está ocupado. Y tú deberías estar vestida adecuadamente.
Layla ignoró a su hermano.
Miró directamente a su padre.
El hombre que la había llamado "princesa" mientras la vendía al mejor postor.
—Tenemos que hablar, Baba —dijo Layla. Su voz no tembló.
—Estoy preparando la