POV: Catalina
La invitación no fue una pregunta. Fue una sentencia.
—Haz una maleta ligera, Catalina. Nos vamos el fin de semana.
Khalid lo dijo mientras se ajustaba el reloj en la muñeca, sin mirarme a los ojos.
Estábamos desayunando. O al menos, yo intentaba tragar una tostada que me sabía a cartón.
—¿Irnos? —pregunté, dejando la taza de café—. ¿A dónde? Tienes reuniones con los Von Zimmerman la semana que viene.
—Exacto. Por eso necesito desconectar. Necesito silencio antes de la tormenta.
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