POV: Catalina
La terraza de mi estudio en Gracia no tenía vistas al Burj Khalifa.
No tenía barandillas de oro ni suelos de mármol importado. Tenía baldosas de terracota que guardaban el calor del sol y macetas con geranios rojos que olían a vida.
Pero para mí, era el lugar más lujoso de la tierra.
Era viernes por la noche.
La mesa estaba puesta. No con porcelana fina, sino con platos de cerámica desiguales que había comprado en un mercado.
Había jamón ibérico. Había pan con tomate. Había queso manchego y aceitunas. Y cinco copas de vino vacías esperando ser llenadas.
El timbre sonó.
No fue un timbre educado. Fue un timbre insistente, alegre, caótico.
Corrí a abrir.
—¡Sorpresa! —gritaron al unísono.
Ahí estaban.
Sera, con un vestido de flores que dejaba ver sus hombros bronceados, sosteniendo dos botellas de Cava.
Layla, con unos vaqueros ajustados y una camisa de lino, el pelo suelto y una sonrisa que le llegaba a los ojos.
Vivienne, que parecía diez años más joven sin el peso de la t