POV: Catalina
El timbre del estudio sonó dos veces.
Corto. Decidido.
Miré el reloj. No podía ser Dante; acababa de irse a buscar hotel.
Me sequé las manos, todavía húmedas de lavarme la cara, y caminé hacia la puerta.
—¿Se te olvidó algo? —pregunté, abriendo con una sonrisa, esperando ver la cara de Dante.
Pero la sonrisa se me congeló en los labios.
No era Dante.
Era una mujer pequeña, vestida completamente de negro, pero no con una abaya tradicional, sino con un abrigo de lana oscuro y un pañuelo de seda gris cubriendo su cabello.
Se apoyaba en un bastón de ébano.
—Mariam —susurró.
Mariam Al-Rasheed estaba en el rellano de mi edificio en Gracia.
Parecía fuera de lugar. Como si hubieran recortado una figura de un palacio del desierto y la hubieran pegado en una escalera de vecinos de Barcelona.
—¿Puedo pasar, Catalina? —preguntó. Su voz no tenía la autoridad de hierro de Dubái. Sonaba cansada. Humana.
—Por supuesto.
Me aparté.
Mariam entró.
Caminó despacio, observando el estudio. Los