POV: Catalina
El rugido de las aspas del helicóptero era ensordecedor.
Pero para mí, sonaba a música celestial.
El agente de la Interpol nos hizo señas para que subiéramos.
Dante subió primero y me tendió la mano.
Su mano estaba sucia, cubierta de arena y sangre seca, pero su agarre era firme. Me izó hacia la cabina.
Me senté y me abroché el cinturón de seguridad.
A mi lado, se sentó Sera. Luego Layla. Luego Vivienne. Y finalmente Zara, que se abrazaba a su mochila llena de discos duros como si