23. Llevándolo a la locura
Un fantasma. Sigue siendo un espejismo. O esto es un sueño para Gerardo.
—No juegues conmigo —es lo primero que dice Gerardo luego de una larga pausa donde, como si estuviese viviendo en el limbo, caminando por el fuego convertido en vidrio, su expresión deja de buscar alguna conmoción—, deja de mentir.
—Sus besos son exquisitos, señor. Pero, ¿Nos conocemos de alguna parte? —ella continúa. Y cada palabra es otro cuchillo en el corazón irrefutablemente herido de Gerardo. ¿De que se trata esto? L