17. No hay salvación
De la voz de Altagracia nacen gritos de ayuda. El color amarillento que se fusiona con el color de la madera incrementa cada vez más, y para su desgracia ya no puede acercarse ni para tomar el pomo de la puerta.
—¡Dios! ¡Ayúdame! —Altagracia pega la espalda en la pared, como si fuese una opción para desaparecer y traspasar las murallas.
Observa hacia todos lados, buscando alternativas. La mente se desespera bajo la presión del calor que empeora.
Cuando la respiración agitada desmejora por