18. Arrepentimiento
Pese a un ardor innombrable en partes de su cuerpo que no reconoce Altagracia decide abrir los ojos. Experimenta decaída, y a los momentos está desorientada, escandalizada por las luces encima de ella.
Un inhalador le provee del oxígeno, y poco a poco, los recuerdos y el dolor se hacen más vividos. Divisa su brazo vendando, sus piernas. Dios. ¿En dónde está? ¿Qué ocurrió?
Su mano tiembla al llevarla al inhalador, y se lo quita en un intento de decirle a la mente que la conecte cuanto antes con