114. Estás frente al demonio, Altagracia...

Altagracia da un paso hacia atrás. La sensación de proteger a su bebé la colma de inmediato, como si no quisiese, ahora mismo, estar en el mismo sitio que Ignacio.

—¿Cómo llegaste aquí? —Altagracia pregunta. Azucena también lo observa con fijeza: no le ha dicho a su hermana lo que Maribel le contó—. ¿Cómo supiste…?

—Oh, no tengo qué saberlo. He estado viniendo todos los días con la esperanza de encontrarte. De ver si aparecías, y de quitarme la duda de que habías sido secuestrada por alguien —I
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