Veni aún permanecía en el umbral de la habitación, con una expresión de satisfacción, como si acabara de ganar una pequeña batalla. Pero la mirada de Nara no mostraba ni un rastro de temor.
—¿Ya estás satisfecha? —preguntó Nara en voz baja, con los brazos cruzados—. ¿O todavía quieres presumir otra cosa? ¿Una mordida en el muslo, tal vez?
Veni bufó con desprecio.
—¿Sabes, Nara? En el fondo, me das lástima. Sigues siendo la esposa "legal" de Bastian, pero en sus ojos ya no significas nada.
—Sí,