—No lo haré —dije con firmeza—. Hice una promesa hace muchos años y no pienso romperla ahora.
Gabriel me observó un momento más y luego asintió, aparentemente satisfecho.
—Está bien.
Terminó el resto de su bebida de un trago y se puso de pie.
—Ha sido un día largo. Será mejor que me vaya a dormir.
Cuando me quedé solo, me serví otro vaso de bourbon y lo sostuve frente a mí, haciéndolo girar entre mis dedos bajo la luz del fuego.
Odiaba verla allí, reflejada en el líquido ámbar, sonriéndome cada