La mañana siguiente llegó con noticias que solo lograron empeorar mi ya malhumorado estado de ánimo.
—¿Una subasta benéfica? —pregunté, mirando la invitación que Gabriel había dejado junto al desayuno—. ¿Mañana por la noche?
—Ha estado en el calendario desde hace meses —respondió Alexander sin apartar la vista de su café—. Asumí que lo sabías.
Solté un suspiro mientras revisaba la invitación. La subasta benéfica anual del Hospital Infantil de Ashclaw era uno de los eventos sociales más important