Perspectiva de Alexander
—Están por todas las redes —dijo Gabriel, deslizando su teléfono sobre mi escritorio—. La pareja feliz saliendo a almorzar.
No necesitaba ver las fotos. Había vivido todo aquello apenas unas horas antes.
Ella me había dado de comer un pepinillo con su propio tenedor. Un maldito pepinillo.
Y yo había tenido que comerlo solo para satisfacer a los paparazzi, porque si no lo hacía, jamás creerían nuestra farsa.
Ni siquiera me gustaban los pepinillos.
En lugar de responder en