El cansancio, mientras tanto, seguía acumulándose con cada minuto que pasaba.
No volví a caerme, pero la sensación de que podía hacerlo en cualquier momento no desapareció. Las piernas me temblaban, la espalda me dolía y la cabeza me daba vueltas ligeramente, incluso evitando probar una sola gota de alcohol.
Aun así, de alguna manera logré mantenerme de pie.
Aunque fuera solo para no darle la razón a Gabriel.
Cuando llegó el postre, durante la última parte de la cena, ya estaba luchando por mant