—Los guerreros sí patrullan las fronteras —explicó Alexander.
Me tendió la mano para ayudarme a subir a un pequeño saliente, y la tomé, intentando no pensar en lo cálida que se sentía su palma.
Muy por debajo de nosotros, los paparazzi estaban teniendo dificultades para seguirnos. Algunos incluso ya se habían rendido por completo.
—Pero me gusta involucrarme personalmente. Además, me gusta este lugar. Es bonito. Tranquilo —terminó diciendo.
Tuve que admitir que realmente era hermoso allí.
El olo