Perspectiva de Ella
Treinta minutos después, estábamos entrando en una pequeña cafetería del pueblo a la que llevaba yendo con Lilith desde hacía un par de años.
El lugar era acogedor, con mesas de madera cálida, plantas colgantes y grandes ventanales que dejaban entrar muchísima luz natural. En días agradables como ese, abrían toda la parte delantera para que entrara la brisa primaveral.
Ya estaba lleno por la hora del almuerzo, pero la anfitriona sonrió apenas me vio entrar.
—¡Luna Ella! —excl