Isabella y Más aparecieron por la puerta, venían riendo y jugando el uno con el otro. Ambos hombres hicieron silencio y se la quedaron viendo. James inspiró profundo y le pareció una escena de los más tierna, con ella, hermosa y fresca, con esa sonrisa de felicidad que le quedaba incluso mejor que el vestido que traía puesto.
Y Mikel, él pensó que, si una mujer como esa fuera su esposa, su casa sería un verdadero hogar. ¡Cuán equivocado estaba en aquellos tiempos en los que se atrevió a seguirl