106 Confesiones dolorosas

Astrid cortó la llamada e Isabella dejó caer el móvil al suelo, imposibilitada de decir una sola palabra.

James la tomó por la cintura con cuidado y la llevó hasta el sillón para ayudarla a sentarse.

— James…

— Tranquila, amor, ¡Lo rescataremos!

— Lo tienen secuestrado, James, ¡Tienen a mi bebé!

— Isa…

— James, ¿Qué vamos a hacer?

Mientras esto sucedía, Mikel Wolf entraba dando gritos y puñetazos a los guardias de seguridad que le impedían entrar a las oficinas de presidencia.

— ¡Déjenme pasar!
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