— ¡Ah! — dejó salir sin que nadie lo escuchara en kilómetros a la redonda, quizás por el sonido que hacía la fuerza del agua al caer y romper contra la laguna allá abajo.
James alcanzó a divisar que el lugar en donde caería era profundo y se apresuró a llenar sus pulmones de aire y a contener la respiración, abrazándose a sí mismo y manteniendo el cuerpo recto hasta caer de lleno en el agua.
¡Plum!
Se hundió hasta el fondo, pero esta vez no había tantas piedras como arriba. Aquí la acción del a