—Tú no eres el líder. —Hana retrocedió asustada cuando el lobo dio un mordisco al aire, cerca de su hocico. El intruso estaba divirtiéndose con ella.
—Hana, vete. —gracias al lazo, Hana fue capaz de sentir la preocupación de Adrien, su miedo y su temor, pero no lo dejaría. No cuando estaba tan herido; dejarlo solo significaría dejarlo morir.
—¿No obedecerás sus últimas órdenes? —cuestionó el lobo pardo al ver que la Omega no se movía y no hacía nada por irse. Hana estaba segura de que si hubies